Epilepsia y trabajo

Desde un punto de vista legal, ninguna persona afectada con epilepsia puede ser discriminada por razones de su enfermedad:

Así en la Ley 31/1995 en su artículo 25.1, dice: “Los trabajadores no serán empleados en aquellos puestos en los que a causa de sus características personales, estado biológico o discapacidad física, psíquica o sensorial debidamente reconocida, puedan ellos, los demás trabajadores y otras personas relacionadas con la empresa ponerse en situación de peligro o en general cuando se encuentren en
estado o situaciones transitorias que no respondan a las exigencias psicofísicas de los respectivos puestos de trabajo”.
 
Si una persona sufre un ataque durante el ejercicio de su trabajo, esta persona no podrá ser despedida aunque se le podrá adecuar su actividad laboral a las características de su enfermedad.
 
 
 
Puestos prohibidos o desaconsejados
 
A pesar de ello, hay algunos casos en los que existe una normativa específica que impide ejercer un puesto de trabajo concreto. Es el caso por ejemplo de cuerpos de seguridad y militar profesional, pilotos
de aeronaves y helicópteros, bomberos, buceadores profesionales, funcionario de prisiones o agente de seguridad con licencia de armas.
 
Asimismo, hay un grupo de trabajos que aunque no esté prohibido es desaconsejable ejercer si se padece epilepsia debido a que las actividades a desarrollar son potencialmente peligrosas para el trabajador
o aquellos que dependen de él (manejo de sustancias peligrosas, trabajos con cambios de turnos de trabajo, maquinaria peligrosa, instalaciones de circuitos eléctricos, etc.).
 
En estos casos, dependerá del grado de control de las crisis del paciente y del tipo de crisis que padezca.
 
 
Búsqueda de trabajo
 
A pesar de ello, las cifras disponibles han demostrado que en general las personas con epilepsia tienen más dificultades para encontrar empleo a pesar de que aproximadamente entre el 70% y el 80% de las
personas que padecen esta patología no disminuyen su capacidad para mantener un empleo estable ni sus aptitudes. Este es uno de los motivos por los que dichas personas deciden esconder su enfermedad.
 
Otro caso es el del 20% -30% de las personas restantes que padecen epilepsias no controladas y que pueden ser asociadas a trastornos físicos o psíquicos. En este grupo, el desempleo es alto debido en muchos casos a la preconcepción errónea de empleadores de que las crisis son frecuentes y, con ello, las bajas por enfermedad. Diversos estudios han demostrado que la tasa de "accidentalidad" de las personas con epilepsia es similar a la de cualquier empleado sano.
 
 
Acceso a una minusvalía por epilepsia
 
En algunos casos, el paciente afectado puede solicitar una minusvalía por epilepsia aunque dependerá de la intensidad, frecuencia y duración de las crisis y la respuesta al tratamiento el poder obtener una incapacidad permanente total, absoluta o gran invalidez. Esto es debido a que según el Tribunal Supremo, la epilepsia "es una enfermedad del sistema nervioso central “con tal variada gama de matices, grados y crisis que, por la distinta intensidad, frecuencia y duración de sus ataques no permite encuadrarse en una determinada situación de invalidez, al poder discurrir entre los diversos grados que contempla el citado artículo 135, por lo que en cada caso particular y concreto, la manifestación de la dolencia es lo que permite determinar su gravedad y repercusión en la capacidad laboral del enfermo, al tener que distinguirse entre las denominadas moderada, pequeño mal o gran mal y si se presenta con crisis espaciadas o episódicas”. 
 
Adjuntamos el documento publicado por la Asociación Andaluza de Epilepsia con los derechos derivados de la condición de minusvalía.

 

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